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[i]Para Gandalf en el cielo
y Jack en la tierra…[/i]
[B]REIGN OF EMPEROR DRAGON
Book Fourth: Disclosure of the Abyss
Chapter 053: COVENANT, UNREACHABLE VICTORY [/B]
Mi enésima excusa en este triste relato –la última excusa, lo prometo-: la velocidad de los dioses es demasiado para percibirse por el ojo humano, harto más complejo es capturar los hechos que se suceden en ese instante que se divide infinitamente, el segundo incompleto que se parte en fracciones diminutas desde el momento en que Diavros da el primer paso que marca el inicio del ataque definitivo del hiten-mitsurughi-ryu y el momento en que su pie se planta con firmeza a escasos centímetros del cuerpo desguarnecido de Kakarot, ahora transformado en un muchacho, casi un hombre.
Menos de un segundo, pero para los dioses la eternidad y el tiempo son variables mientras que para nosotros son constantes ineludibles. El nieto del chamán embebido en el poder de Naman –que de una paradójica forma es su propio poder- estaba más cerca de la divinidad que ninguno de su linaje jamás.
La garra de Diavros sujetaba con firmeza la empuñadura de su masamune100, pero a su alrededor habían desaparecido las columnas altas y anchas, el pasillo manchado con el plomo fundido, los cuerpos de Sabre y Kenshin. Todo a su alrededor era cielo y nubosidad por un artilugio de la magia sin color. Una de las nubes tenía forma de dragón, de un rayquaza quizás.
Su mirada de fuego se cruzó con los ojos oscuros y grandes de Kakarot que lo veían desde una lejanía tierna que no podía entender: un escozor invadió su pecho, no físico, sino en ese pecho ridículo y sentimental en el que nuestro hipotálamo nos revela, en ocasiones, como absurdos seres sentimentales.
Vio los ojos del muchacho y vio sus propios ojos de cachorro charmander, vio los ojos de un joven Sabre –todo esto que narro con torpeza pasa en nanosegundos- y recordó la mirada de satisfacción que le dedicó cuando cruzando un humedal guatemalteco derrotaron y capturaron a su primera bestia de batalla salvaje. Un parasect que ahora se podría de viejo en la delicia de los jardines de la casa de los chamanes.
El aroma del joven le golpeó los largos belfos, era un aroma vegetal, a madera, tan parecido al olor de Sabre, y su memoria se llenó de la primera vez que sintió ese aroma tan cerca: él entonces un charmeleon, derrotado brutalmente en el octavo gimnasio del circuito de Guatemala, en Tikal, la Ciudad Donde se Oye la Voz del Espíritu, había luchado con toda su fiereza, pero aquel maldito aerodactyl era fácil superior, y Sabre un luchador tan torpe, que no entendía que una choice band hacía a aquella criatura voladora casi invencible.
Sabre lo había tomado en sus brazos como a un niño y lo había apretado contra su cuerpo tratando de parar la hemorragia que le robaba la vida. "Tenés que vivir charmeleon, -le había dicho- no me hagás la cagada de morirte".
Su paso seguía firme a pesar que el suelo parecía haber desaparecido, el agarre en la katana también. "Tenés que vivir carbón" resonaba en su cabeza dracónica. El tiempo apenas transcurría.
"Tenés que vivir"
La vida…
…el ougi, el principio secreto…
Una sola espada se desenvainó en el amakakeru más rápido jamás visto.
El pasillo, las columnas, la realidad reapareció, Diavros veía al mundo de cabeza desde su trayectoria ascendente y descendente en el perfecto arco de su derrota. El pecho le ardía terrible y le escocía la fisura en el esternón que la espada sin filo de Kakarot le había causado.
El muchacho envainó la espada y corrió hacia el charizard, que había chocado con estruendo en las losas del suelo.
-Dame mi honor y terminá con esta mierda –dijo Diavros tosiendo sangre incandescente.
-Sos mi hermano –dijo Kakarot –esta espada existe para proteger a mi sangre...
-No quiero tu piedad, hijo del chamán… –carraspeó Diavros.
-Nunca es tan tarde charizard –interrumpió el niño –además vos sos también un hijo del chamán, sos mi familia… y tu familia nunca de abandona...
-…Y nunca te olvida –terminó el charizard en un susurro, respondiendo a un antiguo mecanismo en su memoria.
El muchacho recogió la masamune100 y apretó la hoja con firmeza entre su mano izquierda y recorrió el filo de extremo a extremo.
-No! –dijo el charizard, pero Kakarot no sangraba, en lugar de ello, había embebido a la katana con un brillo dorado y misterioso.
-Tu espada es ahora una espada sin filo –dijo el chico, y estornudando con violencia, se envolvió en luz, retornando a su estado infantil, de nuevo un mocoso de nueve años de cabello castaño desordenado y grandes ojos oscuros.
-Que bueno que soy chiquito otra vez –dijo Kakarot -Me picaban los huevos a morir– terminó, y Diavros, por primera vez en más de medio siglo, pareció esbozar una sonrisa.
_ _ _
La Ciudad Amurallada…
La gran devastación entró a Covenant como lo decían las palabras de la nueva profecía que nadie tuvo tiempo de leer en la hoja de la Espada de la Medianoche vuelta a la vida gracias a la sangre Natsume.
El Groudon Demon hizo colapsar entera la sección central del muro del pacto, dejando entrar un chorro de salvaje luz y un vendaval de soldados del abismo, que irrumpieron con salvajismo entre la tropa covenanti, arrasando con fuego y roca la pequeña esperanza que la caída de Lord Tyrant podía haber presagiado.
El corazón de Columba tambaleó por instantes ante la visión de infierno, el Groudon titánico lanzó un vómito de roca incandescente sobre las legiones haciendo arder hasta los huesos a decenas de ursaring y tauros.
Los supervivientes de la guardia élite, la guardia alada del ausente Altair, continuaban tratando de dañar el durísimo caparazón rojo del demonio ancestral, pero sus ráfagas cada vez más espaciadas hacían poco o ningún daño y apenas molestia en la bestial criatura.
-SOSTENGAN LA LÍNEA! –gritó Columba recuperando el aplomo, y lanzó un poderoso rayo de energía blanquecina canalizado a través de su espada hacia el rostro del Groudon Demon, que se cubrió con sus grandes garras y que pareció, por un brevísimo instante, resentir el ataque. Al cesar el encantamiento de la altaria, respondió con un poderoso pisotón que causó un terremoto devastador, que creó profundas fisuras a todo lo ancho de la gran plaza.
La cabeza flotante de Alia se materializó a un costado de Columba, parpadeante puesto que la red eléctrica de la ciudad estaba severamente comprometida.
-Lady Columba –dijo Alia, apenas audible entre el fragor de la batalla que era virulento y estruendoso –Se ha confirmado el avistamiento de diez galeones de Firania, en rumbo directo hacia nosotros…
Columba evadió un mazazo lanzado por un malencarado golem, y lo atravesó con su espada antes de responder.
-Qué dicen las bio-lecturas? –preguntó Columba.
-La lectura es de entidades tipo fuego, por supuesto, concordante con la tropa de Diavros. –respondió Alia.
-Parece que el destino estima que diez a uno no es suficiente desventaja –dijo la altaria con falsa resignación, lanzando golpes con su espada estelar con agilidad y fiereza.
-Eso no es todo –añadió Alia –un segundo tsunami ha devastado la zona costera y un 62.89 por ciento de las estructuras de la ciudad… se han salvado la plaza de los cuatro templos, esta gran plaza en la que combaten, y algunas barracas elevadas de la zona sexta, en la calzada que conduce al Palacio del Rey Alado. No hay noticias de la sacerdotisa Nereida…
Tres soldados golem se lanzaron hacia Columba en un ataque kamikaze: uno de ellos fue repelido por un valeroso tauros que lo detuvo en seco con un golpe de su enorme maza de guerra. El golem sin embargo explotó, despedazando con brutalidad al guerrero toro.
Los otros dos cayeron sobre la estrella de Covenant, que alcanzó a conjurar un domo de protección que absorbió la mayor parte del descomunal impacto y subsecuente explosión.
Cuando el humo se disipó, la túnica de Columba se había chamuscado en su mayor parte, dejando al descubierto su malla de mithril invicta. La altaria alzó el vuelo, y alejándose un poco del epicentro de la batalla pudo contemplar como el agua oscura del océano se acercaba cada vez más a la Plaza de los Cuatro Templos, al Templo del Agua, y con ello, al resguardo sagrado de la semilla del futuro.
Una ola de calor la golpeó, y al regresar su vista a la deflagración del campo de batalla, varios trozos de roca fundida escupidos por el demonio antiguo volaban hacia ella, y aunque logró evadir los primeros montículos ardientes, el último la impactó y la envolvió en una personal y portátil versión del averno.
La altaria cayó en picada, envuelta en fuego. El calor la sofocaba y sentía que perdía la razón, sacando fuerzas de flaqueza, sin embargo, desplegó sus alas y evitó estrellarse, logrando un torpe aterrizaje. No estaba calcinada, como lo esperaba, y en lugar de ello, restos de escarcha estaban clavados entre sus más recónditos y secretos plumajes.
-Apenas a tiempo –dijo una voz musical de mujer.
Columba se tiró hacia atrás la malla que la cubría la cabeza, resplandecía como la plata pura ante la ausencia de su túnica, y el ataque de Groudon parecía no haberla dañado en consideración.
-Apenas a tiempo –dijo de nuevo la voz, y con un chasquido una mujer-jinx se materializó a su lado –apenas pude cubrirte con el mas fuerte de mis encantamientos congeladores –añadió la pitonisa, que tenía los ropajes rasgados y el semblante descompuesto –mi último rescate desesperado.
La altaria tuvo emociones encontradas al ver a la pitonisa, su alma completa rebosó de entusiasmo al ver a la negra portadora del hielo y secreto, viva, porque ello implicaba la posibilidad de que Lord Sephirot y Altair, Altair, su Altair estuvieran vivos. No era el campo de batalla el lugar adecuado para tales pensamientos, pero su mente devaneó algunos segundos, "sí él está vivo voy a dejar a un lado esas estupideces y quedarme con a su lado". Pero Lady Diana estaba sola.
-Qué pasó en el faro? –preguntó Columba.
-Fue algo atroz, Sephirot y Sandaa se batieron a duelo, el gran suicune recibió mucho castigo, y Altair también, el trató de protegernos de la locura de zapdos… no sé si están vivos, el primer tsunami nos barrió, Sandaa cuando se vio derrotado desató una tormenta eléctrica como jamás la había visto, hizo volar los mecanismo del Faro de Covenant…
"Altair está muerto" pensó Columba, "y jamás podrá saber que sí lo amo, y que sólo el horror de la guerra me ha permitido darme cuenta de lo absurdo que son los pretextos y excusas que inventaba para negarme"
-La puerta está perdida –dijo Lady Di –tenemos que concentrar la defensa en el Templo del Agua, la semilla del futuro está allí, el Kyogre antiguo anda entre las aguas que inunda la mitad de la ciudad.
-Como están sus fuerzas –preguntó Columba –su aliento gélido puede detener a los titanes?
-Ni en mi mejor forma –respondió la jinx, -y en este estado, no les hago ni cosquillas.
-Lady Aries, está viva? Su naturaleza eléctrica podría ser de utilidad contra el Kyogre antiguo.
-Mucho me temo que la ampharos no abandonó su faro, y que en sus escombros descansa para siempre.
-No podemos abandonar a la tropa covenanti –replicó Columba, nosotras defenderemos la semilla del futuro…
Una bocanada de viento, fresco, levemente cargado de salitre golpeó a las dos figuras femeninas.
-Lady Diana tiene razón –dijo la voz, masculina, cansada pero decidida, y el corazón de Columba dio un vuelco –tenemos que concentrar una defensa élite en el Templo del Agua… Lord Sephirot dejó claro que la semilla del futuro no puede caer en manos del Emperador Dragón.
Era Altair, con las plumas maltrechas y todavía mojadas, volando con dificultad y gallardía, descendió en medio de las consejeras.
Columba estaba callada.
-Qué estrategia sugiere? –preguntó la pitonisa.
-Mandar a llamar –respondió Altair -a los que queden de mi guardia élite, Joey es un pájaro bravo, pero va a acabar con mis soldados si sigue gastando sus energías en el Demonio Groudon, ese es el problema de los mukuhalcones, no saben retroceder.
-Si llamamos a retirada vamos a provocar el caos –objetó Columba.
-No mandamos full back –dijo Altair, y miró a Columba con dureza –sólo la guardia élite y un par de cientos de soldados ursaring o tauros, los pueden llamar por interlink, de preferencia los que tengan escudos redondos de Tubola; yo estoy ligado por un encantamiento proteico a mis elites, los puedo hacer venir acá en un respiro.
Y al decirlo, tocó la insignia de Covenant destruida en los restos de su coraza, y esta se iluminó: Muku, élite –dijo el capitán pidgeot –a mi! Al final de la gran plaza con la comandante general y la vidente.
Un ruido de aleteos los rodeó en segundos, treinta y dos soldados alados, maltrechos pero valientes aterrizaron alrededor del trío.
-Altair –dijo Joey, el robusto mukuhalcón segundo al mando de la guardia élite, cuyo copete estaba en especial alborotado -, le informo capitán que el Groudon Demon nos ha partido oficialmente el culo.
-Cuántos han caído? –preguntó el capitán pidgeot.
-La mitad de la fuerza.
-Comandante –dijo Altair dirigiéndose a Columba, -mande a convocar a los soldados de la tropa dotados de escudos de Tubola.
La altaria tocó una piedra de una pulsera en su brazo izquierdo, y susurró instrucciones en la misma.
-Cuál es el plan –pregunto Lady Diana a Altair, que ya giraba instrucciones a sus guerreros alados para que se adelantaran a la Plaza de los Cuatro Templos y sobrevolaran el Templo del Agua, que con su silueta de estilo maya mostraba un color turquesa en sus paredes de mágico torrente.
-Resistir, defender con la vida la semilla del futuro. –respondió Altair.
-Lord Sephirot no volverá –dijo la jinx –no al menos de la forma en que esperas.
-Con todo el respeto –respondió Altair –no creo en el arte que la dama practica.
La jinx lo vio con ojos de descrédito, y como para probarse susurró, en una voz profunda y gutural que no era la de ella, las palabras de una profecía: [i]"los amantes alados por la corona separados, unidos serán por la invencible muerte; el gran satán probará el fruto, pero el fuego que no quema consumirá el horror que encarna… el céfiro prevalecerá sobre el hijo secreto de Tetis, la última hija partirá para siempre sin partir, el gran libro será rescrito y Adam dará su espalda a Lilith hasta el final del tiempo…"[/i]
Rumor de marcha los interrumpió: 265 soldados tauros y ursaring se acercaban hacia ellos alejándose de la batalla, portando hachas y mazas de guerra, todos con redondos escudos de negra roca mágica, ofrenda del Abismo de Tubola en los días anteriores al ascenso de Adrammalech.
-Si Leónidas pudo porqué nosotros no –dijo Altair al ver formarse a los soldados.
-Leónidas murió –dijo Columba, recuerdo la recreación holográfica que nos pasaron de esa batalla de los días de los hombres en los Salones del Conocimiento…
"…Unidos serán por la invencible muerte…"
-Bueno –repondió Altair –la inmortalidad ha de ser un lugar aburrido de espanto.
De inmediato gritó comandos a la tropa y juntos todos iniciaron un rápido desplazamiento hacia la Plaza de los Cuatro Templos, a la que arribaron en pocos minutos, evadiendo las ruinas de los edificios colapsados por los terremotos causados por el Demonio Groudon que continuaba peleando contra los seiscientos cuarenta y dos miembros del ejército covenanti que permanecía en el renio de los vivos, plantándole cara a los nueve mil doce golems que formaban el grueso de la horda del Abismo. (Sin contar al centenar de terribles aerodactyl que descendían en picada para arrancar cabezas).
-La posibilidades de victoria son remotas –dijo Columba apretando el paso.
-En el más extremo de los casos su excelencia sabe del protocolo –preguntó Altair.
-Se refiere –y Columba endureció el tono –al ritual mágico para consumir la semilla del futuro con el fuego de mi alma para evitar que sea tomada por los emisarios de Adrammalech… se… me sé el protocolo…
Entraron en la plaza, los tres restantes templos elementales estaban apagados y en silencio, como ruinas mayas de tiempos lejanos; el Templo del Agua, sin embargo, brillaba a pesar de que esa sección de la ciudad estaba cubierta de un espeso cielo nuboso producto de la cercanía del Kyogre antiguo.
-Trescientos exactos –dijo Lady Diana, cuando se terminaron de formar los soldados en tres anillos concéntricos alrededor del Templo del Agua –contándonos a nosotros.
-Sus excelencias –dijo Altair, -pueden sus artes completar la protección del Templo del Agua?
La jinx alzó sus manos al cielo y luego haciéndolas descender con rapidez lanzó un espiral congelante que generó un cuarto círculo alrededor de la más amplia formación de soldados covenantis, hecho completo de durísimo hielo, con durísimas puntas hacia fuera que presagiaban la muerte de muchos golems. Columba empezó a cantar, un tenue susurro que hizo que los cuatro círculos, soldados y hielo cristalino, se rodearan de un aura esmeralda de protección y aumentadas cualidades.
Cuarenta minutos esperaron, que parecieron eternidad. Altair disimulaba su tensión gritando formaciones a los soldados tauros y ursaring, que marchaban contra y en el sentido del reloj para evitar entumecerse, y para evitar además ver a Columba, que meditativa aumentaba sus cualidades interiores en lo que sabía sería la batalla definitiva de su vida. La jynx, por el contrario, parecía despreocupada, y apenas había hablado desde su profecía.
-El demonio groudon y miles de golems han enfilado por la calzada de Minerva –gritó Joey el muku-halcón, desde las alturas patrullantes.
No hubiera sido necesario, puesto que de inmediato empezó a temblar con cada paso del titánico demonio de las profundidades, y una de calor se empezó a notar intensificándose momento a momento.
Para terminar de complicar su situación, un bramido profundo se escuchó de la zona oeste de la ciudad, y el agua que parecía haberse estabilizado rompió el natural dique que la zona del mercado había creado, dejándose vaciar sobre la zona central de la ciudad y con ello acercándose con peligro a la zona de los templos.
-Kyogre y Groudon por si no era imposible –dijo la altaria, abriendo sus ojos oscuros, y jugando con la empuñadura de su espada estreledge.
El primer río de golems se estrelló contra la parte externa y aguda del muro de hielo de la pitonisa, clavándose como moscas y muriendo al acto. Pero la segunda tanda, empezó a amontonarse sobre los cadáveres de sus predecesores de manera que lograron atravesar el anillo de hielo.
Los soldados covenantis resistieron la brutal acometida con sus escudos negros hechos de piedra más dura que el corazón de los golem que ahora atacaban; y respondieron al unísono partiendo sus cabezas con sus hachas y martillos. La guardia elite lanzaba ráfagas y alas aceradas en contra de los invasores con eficiencia admirable, Altair entre ellos, combatiendo escápula a escápula, y las damas lanzando a distancia sus hechizos de dragón y hielo contra la mayor cantidad posible de enemigos.
La situación no pintaba tan mal, porque el ataque de los golems era caótico y desordenado, y se estrellaba contra el muro de escudos negros y era repelido ataque tras ataque por el acero covenanti y los encantamientos de las excepcionales magas que defendían la semilla del futuro, que nunca como antes representó la posibilidad de un futuro para ellas.
Hasta que el Groudon Demon alcanzó la plaza de los cuatro templos, su silueta incandescente apareció entre las ruinas que su furia había provocado, y acelerando el paso de su descomunal figura se dirigió hacia el Templo del Agua aplastando a sus propios soldados. Llegó al límite del anillo de hielo y de un poderoso rugido lo hizo estallar, causando que Columba cayera de bruces al lado de Lady Diana.
El demonio groudon pronunció varias maldiciones en la antigua lengua negra del enemigo, y la tropa covenanti convulsionó e inició un mar de vómitos de sangre. Una fisura creó un corredor entre el demonio y el Templo del Agua, que recorrió con deleite, vomitando fuego a los costados para liquidar a los caídos soldados.
-No pasarás –dijo Altair plantádose en la puerta principal del Templo del Agua, flanqueado por Lady Diana y Columba ya de pie, con su estreledge chisporroteando alimentada de la furia que inflamaba su alma.
La jinx generó una esfera de energía al cero absoluto, y la lanzó hacia el rostro del demonio, que sin embargo la envolvió entre el torrente de fuego que emanaba de su boca y la redujo a nada. Columba y Altair combinaron sus ataques que se estrellaron contra el pecho del enemigo, sin causar ninguna mella.
-NARG! –gritó el demonio Groudon, y el trío cayó de rodillas ante la monumental figura, luego, abriendo su garra invocó el conjuro secretísimo, que causó que luego de unos instantes una pequeña y en apariencia insignificante cajita de plata saliera volando atravesando los muros de agua.
Altair se revolcó y lanzó desde el suelo una tanda de sus plumas aceradas hacia los ojos del Groudon Demon, acertando en la retina y haciéndolo retorcer su carota por segundos, en que hizo que las navajas de desprendieran de su ojo que empezó a manar un viscoso líquido amarillo.
-FUTIL –dijo el Grodon Demon mientras abría la cajita y aspiraba su contenido con fruición, cajita que se miraba minúscula entre sus enormes y amenazadoras garras. Luego, abriendo su bocaza, engulló completo el contenido.
-No! –gritó Columba impotente.
El Groudon Demon se quedó en silencio por algunos momentos, luego, una llamarada negra impenetrable lo envolvió y cubrió de sombras todo alrededor. Entonces sus gritos, parecían de dolor o de un sádico éxtasis. Luego silencio de nuevo.
La oscuridad se disipó. La figura se había transformado de manera sorprendente: su tamaño se había reducido, y ahora apenas rebasa los dos metros, aunque eso implicaba que todo su gran poder se había concentrado: la nueva figura era antropomorfa, alta y fornida, y levitaba a escasos centímetros del suelo, la cola había adquirido un aspecto serpentino y ondulaba siseando dejando caer pequeños goterones de roca fundida. El rostro se había humanizado, aunque persistían los característicos rasgos del fenotipo, el mascaron de horror, los afilados dientes, los ojos amarillos, aunque uno de ellos continuaba goteando amarillo humor.
-La semilla del futuro –dijo el Neo-Groudon-Demon con una nueva voz grave y altanera –no alcanzó por completo las profundidades de mi sueño durante la segunda fundación… el Emperador me ha mostrado la ruta a mi evolución final… seré la llave para su nuevo mundo…
Altair se levantó y se lanzó hacia la figura rojiza, pero con uno solo de los gestos de sus garras lo lanzó despedido a estrellarse contra los sólidos muros de agua mágica. Columba apuntó su estreledge, pero al fijar su vista en la hoja estelar, el Neo-Groudon-Demon causó que la hoja temblara y estallara en tres pedazos.
-Tu malla de plata auténtica, -dijo el Neo-Groudon-Demon –contra la plata negra de mis garras y mis huesos…
Y luego, sin darle tiempo a reaccionar hizo que sus garras crecieran como lanzas, y con facilidad fausta atravesó de lado a lado el pecho de Columba, y no conforme, las hizo seguir creciendo hasta empalar también a Altair por el gollete.
-Así acaban los amantes –dijo el Neo-Groudon-Demon –y sonrió retractando sus garras.
La sonrisa le duró apenas unos segundos, porque un intenso dolor en el pecho lo doblegó, una llamarada blanca surgió en su pecho rojo y un diminuto punto blanco de pureza inmaculada escapó de su cuerpo.
-Quién en la tierra… -dijo el Neo-Groudon-Demon. –me desafía.
La semilla del futuro pareció arder en medio del mismo fuego blanco que ahora se apagaba del pecho del demonio y desapareció sin dejar rastro.
-La semilla no te pertenece, cheche –dijo una voz que sonaba cansina. –Nunca será de Adrammalech tampoco.
Un intenso fuego blanco emergió del suelo y ardió con intensidad haciendo retroceder al Neo-Groudon-Demon, y abrir grandes los ojos a Lady Diana y a los agonizantes Altair y Columba.
Parecía que una melodía élfica resonaba entre las llamas blancas.
El fuego cedió: una figura alta estaba frente a ellos, encarando al demonio en su forma definitiva, sus ropajes eran de un blanco resplandeciente y en sus manos de dedos largos –largos como patas de araña-tigre o araña barba de viejo- reposaba un estilizado bastón chamánico que simulaba un árbol de nudosas raíces. Su cabello castaño y ensortijado y oscuro y su prominente nariz de chozo eran su firma.
Era Blade, y en las pupilas de sus ojos marrones ahora resplandecía en toda su magnificencia el fuego de Arnor.